Monday, April 17, 2006

¿Y donde está tu papito...?

—¿Y donde está tu papito Miguel? —preguntaban los amiguitos que recien llegaban a visitar al pequeño en su casa.
Miguelito parecía no escucharlos y seguía en su trote sin fin alrededor de las flores.Los adultos miraban todo el "jugueteo" del pequeño y aunque intranquilizaba a varios, nadie se atrevía a decirle nada.

—Pero Miguelito, ¿donde está tu papito? —continuaban preguntando insistentes los amiguitos de Miguel.

—Como que no se dan cuenta... que son tontos, mi papá está adentro del cajón, al medio de las flores —respondió sonriente el pequeño-, prontó saldra y me tocará el turno de esconderme, él piensa que aun no lo encuentro.

Mientras varias señoras vestidas de negro dirigian el rezo del Santo Rosario, Miguelito estaba siendo vencido por el sueño.

Saturday, April 01, 2006

Internado de Señoritas...

Desde la altura, o sea, desde el dormitorio de la Inspectora podía verse todas las camas, no menos de cuarenta, ubicadas en el gran dormitorio (tambien habia sido usado como gimnasio) que las alumnas llamaban "El corral", era la sala donde dormían la señoritas que estudiaban en el Internado de la ciudad. Desde allí la Inspectora nombrada por las alumnas “Señorita Mabel” veía como cada noche las jovencitas en medio de la oscuridad encendían mutuamente sus cigarrillos y conversaban susurrando bajo las sábanas ubicadas a guisa de pequeñas carpas.
-SILENCIO! -Se escuchaba la orden perentoria acostumbrada de la Srta. Mabel. Una vez que se hubo hecho el silencio total entre las chicas y caído la oscuridad completa, se escuchaban los pasos acostumbrados...y el rechinar de las ruedas de un antiguo catre.
-No teman niñas, recuerden que es a los vivos a quienes deben temer -Decía en voz alta la Srta Mabel desde la altura.
Cuando son pasadas las 12 de la noche y no hay cigarrillos encendidos, voces susurrantes, pasos, ni rechinar de ruedas, la Señorita Mabel enciende su cigarrillo y conversa... nadie sabe con quien...

Mi abuelo se puso amarillo...

Debo haber estado muy pequeño, mi juego predilecto era andar en bicicleta, pero no era una cualquiera, pertenecía a mi padre, inmensa, de color negro, parece que era fabricada en Alemania, creo que mi estatura la sobrepasaba solo por un par de centímetros, mi cuerpo viajaba veloz en ella porque iba medio torcido metido entre su marco. Bueno, en eso andaba, en mi pasatiempo preferido cuando muy cerca de mi casa vi a mi abuelo, mi querido abuelo, no era frecuente verlo en la ciudad, él era una hombre de campo, no sabíamos en la familia de su presencia en el pueblo por aquellos dias.
-Hola Nanito, ¿que hace con esa tremenda bicicleta? -me dijo, al tiempo que se acercaba con su figura alta y un poco encorvada.
-Hola Abuelito, ¿de cuando que anda por acá?... no nos fue a ver... ¿cómo esta mi Abuelita?, ¿va a ir para la casa?" -le dije en una ráfaga de preguntas.
-Llegué ayer Domingo nomás, ya iré a verlos, tu abuelita esta con sus problemas de salud de siempre. Tu siempre tan preguntón Nanito -Me respondió el abuelito con su aire “bonachón” de costumbre.Ya presentía que el “Abue” se me iba a ir luego porque no era un hombre de mucha conversación así es que no resistí a hacer le última preguntita:
¿Por qué estas amarillito “Abue” -inquirí.
-Como se le ocurre que voy a estar amarillo, son pareceres suyos nomás Nanito, la gente no cambia de color, debe ser el verano nomás" -me respondió al tiempo que se subía el pantalón tirándolo desde su cinturón ancho de cuero.

-Mamá, Mamá... vi al Abuelito en la esquina —Le dije cuando llegué corriendo a la cocina de mi casa y por supuesto que la asusté mientras pelaba unos ajos para prepararlos con huevos en la once, ya era hora que llegara mi papá de su trabajo.
-¿Que te dijo mi Papa Nanito? -preguntó Mamá.
-Que luego vendría y que la Abuelita está con sus problemas de costumbre, tu sabes —le contesté.

Una semana después, la Tía Raquel llegó llorando a la casa, yo tuve que salir de la cocina al patio porque iban a conversar los mayores, hacía bastante calor en ese verano. En el patio olvidé luego el asunto porque me divertía lanzando piedras a las lagartijas con la honda que me había fabricado el Abuelo.

Pasaron algunos días, ya era tiempo de entrar a clases , cuando yo preparaba mi composición respecto de mis vacaciones recordé que había visto a mi Abuelito en el pueblo en el verano y pregunté a mi madre en instantes en que ella bordaba con su antigua máquina Singer:
-¿Mamita, el Abuelito no vino a vernos como dijo, Usted lo ha visto?, ¿se fijo que estaba amarillo? —Pregunté como de costumbre en una ráfaga de preguntas.
-Por favor Nanito, siempre tan preguntón, haga sus tareas y ponga por ahí que él se fue a un lindo viaje y allá nos estará esperando —Me respondió al tiempo que se inclinaba más de lo acostumbrado sobre su labor y refriega sus ojos.

Hoy mientras me afeito me miro ante el espejo, un amigo me ha dicho que le parece que mi cara está de color amarillo. Mañana visitaré el médico, ya he esperado demasiado, creo que no es por el frío del invierno como en principio pensé.